Síndrome metabólico es la asociación de dislipemia, intolerancia a la glucosa, hipertensión arterial y obesidad central. Es decir que una persona presenta síndrome metabólico cuando padece simultáneamente de todas o al menos varias de las siguientes condiciones: alteraciones de las grasas en sangre (dislipemia); alteración en la metabolización de la glucosa, ya sea con glucosa en sangre en el límite superior de lo normal (intolerancia a la glucosa) o ya sea con la glucosa elevada (diabetes mellitus); presión arterial alta (hipertensión arterial), y aumento de la grasa en abdomen (obesidad central). La importancia de la coexistencia en una persona de todas estas situaciones es que incrementa de manera acentuada el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares, como ser infartos cardíacos, pero también otras patologías.
Estas características -dislipemia, intolerancia a la glucosa, hipertensión arterial y obesidad central- no coexisten de manera casual, sino que se deben, al menos en parte, a una causa común: la presencia de Insulinoresistencia.
¿Qué es la Insulinoresistencia?
Es una reducción en el efecto de la insulina, que es la hormona fabricada por el páncreas y que reduce los niveles de azúcar en sangre cuando éstos están elevados, por ejemplo luego de comer. Cuando existe Insulinoresistencia, la insulina actúa menos, y al menos en una primera etapa, logra mantener la glucemia (=azúcar en sangre) normal, pero a expensas de mayores niveles de insulina circulante. A la larga, esta hiperinsulinemia compensadora deja de ser suficiente, y a pesar de tener tanta insulina circulando, la glucemia aumenta y de esta manera ya se tienen niveles de diabetes, con todos los riesgos que ésta implica. Pero además los niveles altos de insulina ejercen efectos nocivos en varios órganos y tejidos, principalmente a nivel cardiovascular, aun cuando la glucemia todavía está normal.
¿Es frecuente el síndrome metabólico?
Sí, se considera que en países como Estados Unidos, uno cada cuatro adultos tiene síndrome metabólico. En estudios en Argentina, un estudio hecho en varias localidades, mostró que alrededor del 20% de los adultos reúnen criterios de síndrome metabólico.
Es algo más frecuente en las mujeres y, en ambos sexos, la frecuencia va aumentando con la edad, vale decir, una mujer posmenopáusica tiene mayores probabilidades de tener síndrome metabólico que un hombre joven.
¿Cómo sé si tengo síndrome metabólico?
Desde la descripción original del síndrome metabólico en 1988, han variado un poco los criterios diagnósticos de este cuadro. Actualmente una manera de empezar a considerarlo es medir la circunferencia de la cintura: si un hombre tiene más de 94 cm. o una mujer más de 80 cm., se deben considerar cuatro elementos más, de los cuales con presentar dos ya tiene el síndrome: presión arterial alta, nivel de triglicéridos en sangre elevados, HDL-colesterol (= “colesterol bueno”) disminuido, y glucemia por encima de 100 miligramos por decilitro.
¿Qué riesgos corro si tengo síndrome metabólico?
Además de los más conocidos, que son las enfermedades cardiovasculares (infartos de corazón o cerebro, insuficiencia cardíaca, etc.), y la diabetes del adulto, el síndrome metabólico también se ha asociado probabilidad aumentada de padecer hígado graso, ovario poliquístico, insuficiencia renal, trastornos de la respiración durante el sueño, disminución de las hormonas masculinas en el hombre, y ciertos cánceres.
¿Se puede hacer algo para mejorar el síndrome metabólico, y así evitar estos riesgos?
Desde luego. Si se logra disminuir de peso a través de una dieta baja en calorías y rica en fibras, y de actividad física regular, muchos de los parámetros del síndrome metabólico se normalizan. Si esto no es suficiente, se tratan con medicamentos que se eligen según el parámetro que se mantiene alterado: drogas que reducen lípidos en sangre (Estatinas o Fibratos), si persiste la dislipemia; drogas que disminuyen la presión, si persiste la hipertensión arterial, eligiendo preferentemente las que no perjudiquen, o aun mejoren, los lípidos y/o la glucosa en sangre; y/o drogas que mejoran la actividad de la insulina (Metformina o glitazonas). La necesidad de incluir una o varias de estas drogas, y el tiempo de uso –que incluso puede ser de por vida- quedan a criterio del médico tratante.
Dra. Paula Antúnez
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